El espacio intermedio y la arquitectura del aprendizaje

ddlecora on noviembre 23, 2020

La arquitectura tal y como la entendemos se funda en tres sabidurías que deben entenderse y entrelazarse. La sabiduría de los ecosistemas, la sabiduría propia del oficio y la sabiduría de las comunidades que habitan los sitios.    Esta forma sistémica de aproximarse al proyecto como manera de elaborar una composición arquitectónica, centra el interés en el tiempo más que en el espacio porque la belleza no se asume como una preconcepción estética, sino que se entiende como una propiedad emergente de la interacción dinámica entre los sistemas naturales, los sistemas edilicios y los sistemas del cuerpo. La belleza entonces no está en los edificios sino en la vida que estos conforman dentro y fuera.

Esa doble condición del interior interactuando con el exterior no solo existe en los edificios, sino que también está en los campus universitarios, colegios y demás espacios académicos que aparecen dispersos en la trama urbana, especialmente en el centro bogotano donde aparecen concentradas cerca 21 instituciones de educación superior.   Paradójicamente en Bogotá, la mayor parte de este tipo de espacios están cerrados y gravitan independientemente en torno a espacios urbanos sin generar ningún vínculo entre sí ni con la ciudad que los circunda.   Una  postura cerrada que ya ha empezado a cuestionarse  para empezar a abrir espacios de encuentro entre las comunidades académicas de diferentes instituciones pero también con los habitantes de la zona, turistas y demás actores urbanos.

Revisando alguna bibliografía sobre estudios hechos en relación a espacios pedagógicos se puede encontrar que esa condición de interacción interior-exterior aparece primero en el cuerpo.  Muchos autores hablan de la educación centrada en el estudiante y por ende se alude a la [1]autopsiéis como un proceso de autoformación. Algo que tiene que ver con la interacción mente-cuerpo mediada por el pensamiento que luego se traduce en acciones del sujeto sobre el entorno.  Se puede entender la importancia de la interacción del cuerpo con el contexto dado que este se vuelve un lugar donde aparece manifestado el pensamiento, pero también como un mecanismo para alterarlo cerrando un bucle en donde la información entra y sale mediante la actividad.

Imagen 1. Interior-Exterior en el cuerpo.
Pensamiento  mente – cuerpo Acción sujeto – entorno.
Imagen realizada con base a estudios de teoría de la educación de la bibliografía anexa.

Si se entiende la educación como una forma de educir (dirigir) comportamientos o valores, se puede entender que de alguna manera es una manifestación física de la cultura en tanto que la materializa en acciones, espacios e instituciones. En todas las escalas, la pedagogía adquiere forma en el espacio y por eso es un asunto que debe asumir la arquitectura en casi todos los proyectos, pero especialmente aquellos académicos.

De alguna forma se podría decir que la naturaleza históricamente se ha convertido en cultura mediante el lenguaje y este puede ser  escrito en palabras pero también con elementos que configuren espacios arquitectónicos que generan relaciones del individuo y su entorno.  El tiempo hecho palabra y la naturaleza convertida en cultura parafraseando a Emilio Lledó.

Otorgar al espacio un significado (atribuirle valor simbólico) es tal vez la mayor cuestión del espacio pedagógico. En Education and Democracy, John Dewey plantea que se debe ser receptivo a la comunicación y eso implica tener una prolongada y cargada experiencia. En parte se podría decir que la cultura ha garantizado la vida para los humanos.  Lo que la nutrición y la reproducción son a la vida fisiológica, es la educación a la vida social porque ésta es la encargada de transmitir mediante la comunicación en un proceso de experiencias compartidas que se vuelven una posesión compartida. El mismo autor dice que la vida social es comunicación y la comunicación es educación, intercambio que además se produce en un ambiente.  Algo más que el espacio porque es conexión del mundo subjetivo con el objetivo, es ámbito de pensamientos, sentimientos y acciones.

En el año 2010 la Universidad de los Andes encargó a David Delgado la dirección de una investigación orientada a encontrar la manera en la que se debía significar experiencias pedagógicas del campus desde un estudio denominado CAMPUS surgido en la facultad de arquitectura y diseño.  Esta iniciativa liderada por el decano Alberto Miani, el director de departamento Rafael Villazón y un grupo de profesores y exalumnos de los departamentos de arquitectura y diseño, generó una cocreación de principios que luego derivaron en la formulación del nuevo edificio de la facultad diseñado por Daniel Bermúdez. El estudio se dirigió en dos sentidos. 1. Observar las condiciones espacio-temporales preexistentes en el campus actual y 2. Imaginarse las relaciones idóneas que deberían aparecer a futuro con los nuevos edificios. Para tal fin se generó una observación directa y una serie de trabajos con la comunidad académica. Luego de varios meses se pudo sintetizar el estudio en 5 principios rectores que de alguna manera condesaban lo que podría ser el valor fundamental del espacio académico Uniandino.

Para ese entonces se generaron unos espacios prototipo que cumplieron con esos principios intentando dar forma a nuevas relaciones espaciales pedagógicas. El espacio debía generar lecciones e interactuar con el habitante (pedagógico), debía ser capaz de reunir la capacidad de cambiar (flexible), reunir diferentes comunidades en diferente horas (integrador) ser bioclimático y sostenible (orgánico), evidenciar a valores propios de la Universidad y su arquitectura (memoria).

Imagen 2. Arriba. Bloque T. Uniandes. Prototipo. Abajo.  Principios Rectores de la experiencia pedagógica en la Universidad de los Andes.  Proyecto CAMPUS Uniandes 2010.

Después de estos estudios, se realizó para la Universidad Nacional un estudio que debía definir los valores fundamentales que debería tener la nueva sede de la facultad de Artes que surgiría como reemplazo del antiguo edificio.  Se generaron una serie de análisis sobre los valores que generaba el espacio del edificio actual en las relaciones pedagógicas y también se estudiaron los modelos pedagógicos de Fritz Karzen y Leopoldo Rother, empleados para el trazado del campus en 1938.

Como conclusión de esos estudios, de observaciones en campo y de trabajos con las comunidades académicas, se pudo concluir que la idea inicial de Rother era la de propiciar encuentros (de cierta manera prefigurados) no solo entre diferentes áreas del saber sino entre actores, naturaleza, paisaje y arquitectura. Esa intención inicial se había desvanecido en el tiempo porque la mayor parte de los edificios hechos después de haberse formulado el plan general, habían desconocido la importancia de vivir el afuera y habían encerrado las actividades pedagógicas dentro de aulas y espacios ensimismados que no tenían vínculos con las plazas, zonas verdes y demás espacios del campus.  La conclusión era evidente: Naturaleza, individuo, comunidad, arquitectura y ahora las TIC, estaban desperdigadas y tocaba hilvanarlas en una sola realidad. Había que unificar.

La arquitectura debía dejar de construir límites que separaban para conformar umbrales que re-unieran.

Imagen 3. El espacio pedagógico debe ser un espacio de encuentros.

Imagen 4. Espacios intermedios.  Afueras adentradas o adentros exteriorizados.

Espacio intermedio.

En 2015 bajo la dirección de la arquitecta Claudia Velandia se realizó un estudio para la Universidad del Rosario en Bogotá, para entender cómo se podría armar una mejor relación entre la universidad y su entorno para garantizar la sostenibilidad y por ende la valorización en el tiempo.  Ese estudio llamado Ciudad Sinergia determinó que el campus debía pensarse como un elemento urbano y de alguna manera tenía que ver con una ciudad pedagógica. No solo las aulas debían gravitar entorno a espacios compartidos con otras aulas, sino que debían aparecer espacios que integraran diferentes actores incluyendo a los de la ciudad y que no eran miembros de la comunidad académica.    Apareció entonces ese espacio indeterminado que no está adentro ni afuera, que no es privado ni público y que no tiene una función académica exclusiva, sino usos de esparcimiento, descanso, cultura o comercio.

Los espacios intermedios son lugares donde se puede desarrollar un ocio pedagógico y donde se generan nuevos puentes entre áreas del conocimiento que estaban separadas en los salones o en diferentes regiones de la ciudad y el país.   Un espacio intermedio no solo alude a una condición de estar en un exterior protegido de la intemperie, sino que sobretodo es un espacio donde la noción de individuo desaparece entre el encuentro consigo mismo, con los demás, con la naturaleza, el arte, el conocimiento, las TIS, la arquitectura, los objetos de estudio y cualquier otro elemento que pueda aparecer de manera intempestiva.   Son espacios de asombro porque sacan de la sombra, del encierro físico y moral. Son espacios donde se revelan cosas inesperadas  y por ende memorables.

Uno de los grandes ejemplos de estas relaciones lo encontramos en NYU en donde el aula es la ciudad y los turistas se pueden unir a momentos de estudio trascurridos en plazas que sirven de aula y que conectan edificios regados en el territorio sin un plan (al menos evidente).

Imagen 5. Espacios intermedios.  Ciudad pedagógica y universidad urbana.

En cuanto a la composición del espacio, se puede decir que a partir de ese estudio se cambió una forma histórica de configuración espacial de la universidad, generando un nuevo modelo físico pedagógico. La primera lección es que la universidad no es para dar clases de manera vertical sino que sobretodo los procesos son horizontales y tiene que ver con el aprendizaje que cada individuo decide tener en diferentes ámbitos. Se realizaron una serie de espacios en la Universidad del Rosario en donde los estudiantes están en paisajes interiores en los cuales la arquitectura introduce naturalezas alejadas y olvidadas.  Aparecen plantas nativas con sus nombres, los pájaros que atraen y los polinizadores asociados a ellas. Aparecen también, los nombres de los ríos cercanos y las trayectorias solares. Además se puede ver televisión o trabajar con wifi e imprimir en zonas de café y comida. Son sitios entre el cruce de varias circulaciones en los cuales se quitaron muros (materia) para introducir sol y viento dentro de edificios antiguos que fragmentaban una realidad que ahora se totaliza. Se dispuso de bicicletas que generan energía para conectar el teléfono o el computador y patinetas para leer moviéndose, esto permite que el cerebro trabaje mejor porque se oxigena con los latidos acelerados del corazón. Todas las redes quedan a la vista y podrían nombrase para que las personas sepan cómo funciona el edificio. Además se visibilizan otras sedes de la universidad mediante pantallas gigantes. Se emplean sistemas de espejos para reflejar la luz y un paisaje a veces difuso desde los encerrados recintos. Estos espacios de creación y aprendizaje se basan en los conceptos de CRAI que las universidades está probando con resultados muy positivos.

Imágenes 6-7. Espacios intermedios entre el pasado y el futuro de la universidad del Rosario. Prototipos de CRAI.

En los diseños realizados para un Jardín Infantil de la Caja de Compensación Familiar Compensar, se generó un ámbito pensado para niños menores de 5 años de bajos recursos. En estos espacios las comunidades tienen la oportunidad de estudiar en un sitio en donde el verde que la ciudad ha desplazado, reaparece en aulas de cielo abierto y cubiertas con jardines y huertas.  Mediante aulas flexibles que se interconectan entre sí ordenadas en torno a un patio, se generó un espacio donde la naturaleza es siempre un actor más. Además, se diseñó una zona de aula y cafetería que puede abrirse a la comunidad de los barrios circundantes y funcionar de manera independiente mientras que el jardín esta en clase propiciando un lugar de encuentro que estas poblaciones no tienen. La responsabilidad de los espacios pedagógicos entonces no es solo con quienes se matriculan en una institución, sino que implica una relación con el ecosistema (el agua percola al subsuelo) aparecen la vegetación, las mariposas, pájaros y el sol que se introduce responsablemente. Las aulas son espacios que sirven en el día para clases y en las noches para eventos o exposiciones. Se podrían generar ingresos adicionales abriendo las cafeterías al contexto, se arman plazas y cursos para que los ciudadanos tengan apropiación del espacio y lo quieran y cuiden. Los espacios pedagógicos no solo trasforman el espacio sino sobre todo la mente de quienes los viven (adentro y afuera). Esa ha sido la búsqueda.

Imágenes 8-9. Espacios intermedios entre los barrios y su primera infancia.

En el estudio de trabajos participativos hecho para el Plan Parcial Progresa Fenicia liderado por la Universidad de los Andes, se aplicaron los mismos principios del Campus, pero en la conformación de experiencias urbanas.  Las comunidades recibieron una explicación de lo que podrían ser esos valores espaciales y trabajaron sobre su desarrollo para llegar a  proponer una pieza urbana que no solo se convierte en una salida histórica del campus a la ciudad en términos físicos y del conocimiento, sino que de alguna manera puede suponer una apertura gradual del campus a su vecindario, generando un modelo de campus-urbano que además de renovar la zona, genera un paradigma en la forma en que se puede pensar y afectar positivamente la ciudad desde la academia.

Esos estudios llevados a una escala mayor, permiten entender la ciudad misma como lugar de aprendizaje. Esa fue en parte la orientación dada a la formulación del PEMP CHB (Plan Especial de Manejo y Protección del Centro histórico de Bogotá), de la cual David Delgado fue el director de la formulación hecha en 2018 y que contó con una aprobación del Consejo Nacional de Patrimonio.

La ciudad misma debe empezar a entenderse como ese espacio intermedio entre la geografía y los hechos culturales, entre el pasado (memoria) y los anhelos y visiones futuras.  El Centro histórico es un lugar idóneo para construir una cultura ciudadana del cuidado mutuo y del entorno. Es un centro de conocimiento que debe servir como laboratorio para co-crear de manera corresponsable una versión más competitiva y sostenible de Bogotá. EL Centro debe ser un lugar de divulgación de valores y construcción de identidad. Un lugar para formar ciudadanos con cultura, democráticos, responsables y creativos.

Imagen 10. Escenarios para la cultura ciudadana. Progresa Fenicia. Uniandes 2013.

Imagen 11. Espacios intermedios entre la ciudad y los cerros. El Centro Histórico de Bogotá.  Un lugar para aprender y aprehender del patrimonio natural y cultural.   PEMP 2018. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

BIBLIOGRAFÍA

  1. LA ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO Y EL TIEMPO EN CENTRO EDUCATIVO. Joan Domenech Jesus Viñas  Editorial Grao – Barcelona.
  2. PEDAGOGÍA DE LOS ESPACIOS. Bases teóricas para el análisis y reconstrucción de la educatividad de los espacios. MUÑOZ RODRÍGUEZ, JOSÉ MANUEL. Departamento de Teoría e Historia de la Educación.  Universidad de Salamanca. Marzo de 2004. Rector: Dr. D. Ángel García del Dujo.
  3. TEORÍA DE LA EDUCACIÓN. Procesos primarios de la formación del pensamiento y la acción. Joaquín García Carrasco, Ángel García del Lujo. Edición Universidad de Salamanca.
  4. PALABRAS PARA DESARMAR. Una mirada crítica al vocabulario del reconocimiento cultural. Editores: Margarita Rosa Serje de la Ossa y Maria Cristina Suaza Vargas. Roberto Pineda Camacho. Ministerio de Cultura. Instituto Colombiano de antropología e Historia.
  5. HERDSA (Higher Education Research and Development) Volume 19 Number 2 July 2000 pp221-237. Place and Space in the Design of New Learning Environments.
  6. EDUCATION AND DEMOCRACY. John Dewey. Stilwell, KS: Digireads.com Publishing, c2005.
  7. LESSONS FOR STUDENTS IN ARCHITECTURE. Hertzberger, Herman. Rotterdam: Uitgeverij, 1993.
  8. Los mundos de Popper Tomada de: LAS VARIACIONES DE LA IDENTIDAD. Ensayo sobre el tipo en arquitectura. 

[1] La autopoiesis (del griego αυτο-, auto, ‘sí mismo’, y ποιησις, poiesis, ‘creación’ o ‘producción’), es un neologismo propuesto en 1971 por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela para designar la organización de los sistemas vivos. Una descripción breve sería decir que la autopoiesis es la condición de existencia de los seres vivos en la continua producción de sí mismos.    TEORÍA  DE LA EDUCACIÓN. Procesos primarios de la formación del pensamiento y la acción.   Joaquín García Carrasco, Ángel García del Lujo. Edición Universidad de Salamanca

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