Casa UR y Tienda Rosarista

El equilibrio como belleza surgida de la interacción dinámica de los límites espaciales. El nuevo centro de atención a los estudiantes de la universidad, pretende ser una esquina nueva para la ciudad en tanto que en el antiguo edificio Santafé, se puede consolidar como un borde aún más activo y visible para comunidad académica y urbana.

La intención principal era la de vitalizar un sitio algo apagado por él tiempo. En ese sentido se conformó el espacio por medio de un colorido y vegetal sistema de envolventes (pisos y muros) que además se potenció retirando una cantidad de divisiones y límites que fragmentaban el interior del espacio haciéndolo más continuo y totalizado.

En este mismo sentido de unificar las partes dispersas, se planteó por medio de la universidad, la posibilidad de conectar la tienda Rosarista y el CAE mediante un patio que antes los separaba.

La intervención, al igual que otras hechas con la universidad, consistió en retirar materia para introducir espacio, naturaleza, luz y vitalidad. La nueva imagen institucional tiene su origen en él espíritu de los espacios del CRAI realizados en el edificio Casur, en los cuales se logró una forma activa de espacio en el que la actividad humana se integra con la arquitectura, la tecnología y la vegetación armando un paisaje interior en el que se propician encuentros pero sobretodo permanencias en sitios donde antes solo había un tránsito obligado. La nueva imagen es de alegría y cambio.

Espacio urbano-académico. Al retirar muebles y drywall aparece la proporción del antiguo edificio y sus relaciones. Se ve más la ciudad desde adentro y el entorno participa más de la actividad la cual aparece con más transparencia. Algo que refleja mejor el espíritu de la academia en la ciudad. El cambio es adentro pero también afuera. La plaza ahora brilla más en la noche y tiene un borde más a activo en el día. Una segunda fase ideal sería la de llevar parte de ese vital CAE al exterior, por medio de fachadas más abiertas y la disposición de materas, bancas, iluminación, mesas y en general más actividad en la plaza. Algo que esperamos se realice pronto, porque es parte fundamental del cambio que la arquitectura universitaria está generando en el centro bogotano.

Espacio interior: El paisaje entra. Arriba, en el primer nivel, se disponen los lugares de mayor actividad y de carácter más público. Los puestos de atención y la caja aparecen girando en torno a una columna preexistente que marca un centro dentro del espacio el cual es circunscrito por muebles y materas que organizan la atención a los visitantes y la circulación de los mismos dentro del espacio.

Algunas zonas de espera se disponen contra los bordes de las fachadas que tienen vínculo visual con el exterior generando más cercanía con el mismo (ver y ser vistos), mientras que la señalización y muros verdes envuelven el espacio de adentro sobreponiéndose a los muros del mismo. Un mapa orienta al visitante indicándole dónde está ubicado respecto al contexto urbano, mientras que el patio antes oculto, ahora se muestra como un exterior adentrado.

La entrada al espacio se mantiene en la esquina y la salida se propone por la tienda, generando un paso obligado por la misma. La tienda antes dura y fría, se entiende cálida y táctil por medio de un sistema de muebles en madera que lo envuelven todo. Es como una gran estantería habitada.

Abajo en el sótano, se genera una zona menos activa y con visitas más esporádicas. Se disipan los puestos del Call center, carnetización y una sala privada de atención para casos especiales, además de un archivo y los baños.

  • Tipo: Restauración
  • Ubicación: Bogotá, Colombia
  • Año: 2016
  • Cliente: Universidad del Rosario
  • Área: 250 m²
  • Fotografías: Maïté Rossien